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jueves, 10 de septiembre de 2009

Leyendas pampeanas cap XV

La Umita

Se trata de un personaje que emana temor, muy difundido en el noroeste argentino y en Santiago del Estero. deambula al ras del suelo, a lo largo de los solitarios senderos. A veces, suele aparecer en taperas (ranchos abandonados).
Su aspecto es desagradable: cabellos largos y desprolijos, mirada desencajada, dentadura despareja que sobresale de la boca. Avanza con un llanto lastimero hacia los caminantes para solicitarles ayuda. Necesita descansar en paz y por eso pide que recen para que pueda lograr el perdón divino.
Nunca se pudo determinar el origen del sufrimiento de la umita, porque el terror que infunde no permite que los caminantes permanezcan cerca de ella. De esta manera su propio aspecto le impide resolver su pena.
El valiente hombre que supere el miedo y logra pelear contra ella, debe hacerlo durante la noche. Al amanecer se transforma en toro o ternero, .y de esa manera le comunica el motivo de su sufrimiento. Pero el secreto permanece oculto, porque el escucha enmudece.
Si alguien se anima a soportar su desagradable aspecto, conseguirá su amistad. Lo acompañará por los senderos, cuidándolo de los peligros y de los espíritus malignos.
La presencia de la umita está difundida en casi todo el territorio argentino debido a las constantes migraciones de los conocedores de esta leyenda.
Está historia es conocida mayormente en el noroeste argentino, con menos influencia en el norte de Jujuy. Entre varias versiones (Colombres, Coluccio, etc.), transcribiré la de Paleari, que en cierto modo comprende a las otras...
Se cree que el nombre de Umita es un diminutivo castellanizado del vocablo quichua UMA que significa cabeza y, efectivamente, la leyenda se refiere a una cabeza de hombre (algunos obvian el sexo) en el aire por las noches, gimiendo, llorando y provocando el terror entre quienes tienen la triste suerte de encontrarla.
Es un "alma en pena", sin duda, que paga sus culpas con el errabundo y eterno vagar por los caminos solitarios. Nadie sabe por qué fue condenada al Purgatorio, ni por qué se empeña en provocar el susto. Alguna vez un paisano valeroso la enfrentó y lucharon toda la noche, hasta el alba. Ganó y la Umita se transformó en toro o en ternero.
Previamente narró su culpa al vencedor pero éste, a sus vez, no pudo contarle a nadie, pues como precio a su hazaña perdió el habla para siempre.

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