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jueves, 25 de septiembre de 2008

Leyendas pampeanas cap. VII

El Pombero

Señor de la noche y el sol, protector de los pájaros y la naturaleza. Las pocas personas que lo han visto lo describen como un hombrecito muy petiso que no alcanza el metro de estatura, un enano gordo, fornido y peludo. Camina con los pies para atrás para que no lo puedan seguir y usa un sombrero de alas muy anchas, traje oscuro y una abundante barba negra.
Según las versiones hay algunos que lo han visto con un látigo y otros como un viejito con un bastón dorado. Suele llevar una maleta al hombro llena de quesos, dulces, carne seca, botellas de caña y tabaco que son las ofrendas que le dejan los que buscan su amistad.
En realidad puede cambiar de forma y presentarse como un animal, como un hombrecito tonto o un mendigo. Es de tez morena pero lleno de bello en todo el cuerpo.
Sus ojos son como los del sapo o el pez, de forma chata y con cejas anchas y de pelo largo. Mira fijo como las lechuzas sin parpadear.
Silba, hace ruidos de cascabeles y pía como un pollito o un carancho si está enojado, puede imitar el canto de cualquier pájaro.
A este genio duende se lo conoce con otros nombres como: Cuarahjí-Yará, Caraípuijharé o Gauraúyara.
Sale especialmente entre los meses de octubre y noviembre cuando el sol es mas fuerte y espía a la gente, persigue a las mujeres y castiga a los niños que andan por el monte a la hora de la siesta robando frutas verdes, nidos o cazando pájaros; cuida que no los maten con la gomera. Cuando las criaturas corren las atrapa con el látigo y las lleva. A veces las tira en un pozo y en algunas ocasiones llega a matarlas. También se enoja cuando los chicos malos le hacen burla, lo nombran para burlarse, le tiran piedras o imitan su silvido. Es suficiente que toque una persona para alterar su mente.
Vive en lugares secretos en las selvas del noroeste argentino. Entre los esteros debajo de los camalotes. Se esconde en los troncos de los árboles, maizales y yuyarales. Si lo persiguen para agarrarlo se transforma en pajarito.
Le agrada ser amigo de una persona soltera o viuda y, como de regalo le deja de noche en el patio, colgados de un gancho, cueritos de animales silvestres, cera, plumas, azúcar, yerba, miel del monte, frutas, plata y otras cosas. Si el soltero se casa, lo abandona pues es muy celoso, pretende la mayor fidelidad y no permite que su amigo tenga otros afectos.
Para ganarse su amistad hay que hablarle como a una persona y ofrecerle tabaco y caña.
Le gusta mucho mascar tabaco negro en cuerda y comer lima. Defiende y acompaña por los lugares desiertos y desconocidos a quien es su amigo, para que no se pierda en el monte. Cuando va con uno, nunca sale el tigre o ninguna clase de bicho malo. Puede ser un gran amigo pero no hay que hacerle faltar tabaco pues castiga el olvido. Es terrible cuando se enoja y tiene mucha fuerza como también magia, puede hacer volar a un hombre pesado por los aires como también objetos de gran tamaño.
Cuando le dejan la ofrenda de tabaco, el Pombero lo viene a buscar generalmente de noche. Es invisible, pero puede oirse y, cuando pasa cerca, se huele un fuerte olor a incienzo; se anuncia con un silvido ensordecedor y se distingue la lucecita del cigarro, la bracita en la noche oscura al alejarse.
Puede mostrarse a quién él quiera, a veces lo hace para intimidar ya que tiene un rostro feo. Algunos para verlo utilizan una antigua formula guaraní, que consiste en ponerse lágrimas de los perros en los ojos propio cuando aullan a su llegada.
Si se le imita el grito, se acerca y silva junto a los oídos. Aturde y hiela la sangre.
Como por lo general ocurre con los seres misteriosos, no hay que nombrarlo o provocarlo. El oye cuando pronuncian su nombre, aunque sea a la distancia, porque es de oído muy fino y de sueño por demás liviano, tanto que creen que no duerme. Para referirse a él hay que hablar poco y en voz baja, tratar de llamarlo con otro nombre y no decir que es feo o que es malo. Sino se enoja y castiga al perro de la casa, roba gallinas y abre la puerta del corral para que escapen los animales. También desata la soga del caballo dejando a pie a los viajeros.
Para ahuyentar el Pombero hay que poner un diente de ajo en cada esquina de la casa. También le escapa a la ley o a algún intrépido y valiente gaucho que le quiera dar caza con un facón en forma de cruz.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Leyendas pampeanas cap. VI

El Ucumar




El Ucumar proviene de la voz Quichua y quiere decir “cuerpo”, y es que según los relatos se lo llama de ésta forma por que no posee alma, en la voz Aimara significa “oso” y se trata de un ser con apariencia de hombre petiso y panzón. Tiene el cuerpo enteramente cubierto de pelos, sus manos y pies son enormes. Se dice que posee una fuerza extraordinaria y que sus gruñidos ensordecen.
Se lo ha visto en zonas de pede monte, por lo que se piensa que vive en las cuevas de la montaña. Esta leyenda tiene origen en las zonas donde predominaba la cultura Inca, en nuestro país en las provincias de Salta, Jujuy y hasta el Chaco Y Tucumán.
Cuenta así la leyenda que rapta a las jovencitas y se las lleva a sus cuevas donde las obliga a tener hijos suyos. Se lo caracteriza por ser gruñón y malvado ya que cuentan algunos otros que sus hijos monstruosos se comen a su madre humana al nacer es por eso que cada año sale a buscar una joven nueva.
Dicen que esa es su condición de monstruo por que alguna vez fue humano, tan feo que raptaba y violaba a las jovencitas y por eso fue maldecido.

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